lunes, 4 de junio de 2007

El espíritu de Labordeta (2)



Bienvenido a la República Independiente de la UEFA



Madrid, Mayo de 2007

Con la resaca del triunfo sevillista en Glasgow, que impidió que me desplazara a la capital un día antes para presenciar el espectáculo de los swingers de Royal Crown Revue, la idea inicial era revalidar el concierto del año pasado de The Who en el Palacio de los Deportes. Cual Palop tomando el relevo de Paul Stanley Navarro, alzando el paragüero más preciado de Ikea, las ilusiones estaban renovadas, la confianza era mayor que la última vez, las ganas, las mismas o más. El rival, en un principio ya estaba vencido, tras la exhibición del año pasado (Pete Townshend publicó en su blog que había sido el mejor concierto de toda la gira). Quizás todos estábamos demasiado confiados. Como el Sevilla F.C. ante un rival en principio tan asequible como el Español de Adam Garbinski, a quien habíamos vencido cómodamente en Liga.




Raúl Tamudo, en el banquillo, tras ser sustituido por Lacruz

Me pregunto si el mítin del PP que se estaba celebrando en plena Puerta del Sol (quicir, donde se encontraba mi hostel, por lo que tuve que tragármelo enterito y sin anestesia) tuvo algo que ver en lo acontecido durante el concierto, de la misma manera que el puñetero José Corbacho casi nos agua la fiesta en Hampden Park . Todo está conectao.


De todas maneras, hay que decir que las vibraciones antes del evento eran inmejorables. LLegué con tiempo a la capital, pude descansar un rato al ritmo de un secuaz de SuperEspe y quedar temprano con mis amigos en la misma puerta del Palacio de los Deportes, el mismo lugar que el año pasado. A la misma hora. Coñe, parezco Chiquetete.


Al entrar, el mismo despiste de siempre. ¿Por dónde rayos se accede a la pista? Por estas escaleras, no, que van a las gradas B y C. Por allí tampoco que te metes en la sala VIP a hincharte de cacahuetes. Vamos a dar la vuelta, venga, por donde los tenderetes de camisetas. Son las mismas del año pasado, tan feas y tan caras. De hecho, llevo puesta una blanca con una foto de The Who el día de su primera comunión. Lo siento Pino Palladino.


Cuando finalmente damos con el acceso a la pista, comprobamos que el recinto está lejos de llenarse (de la misma forma que no se vendieron todas las entradas para Glasgow), por lo que conseguimos colocarnos en un sitio cercano al escenario. Más o menos el mismo lugar que el año anterior, pero esta vez no estaban los quinceañeros que estudiaban la discografía de los Who por etapas. ¡Eminence Front es el nuevo Won´t fooled again! Juventud, divino tesoro.





Rose Hill Drive, flattoplogy



Las referencias que tenía de los teloneros, la chavalería de Rose Hill Drive, no eran malas. Y es que un grupo que en una ocasión tocó el "Led Zeppelin I" por orden y de principio a fin no puede ser malo. Y lo cierto es que animaron el cotarro, con sus barbudas pintas y su rock pesado y pasado de moda. Me gustó especialmente el final de su actuación, en plan jam sabbathiana in crescendo. Lejos de Mother Superior, claro, pero esa es otra historia que será contada en otra ocasión.



Cuando se marcharon los de Colorado, la expectación era máxima. El recinto se había ido llenando poco a poco, los roadies barbudos fueron montando el chiringuito, y nosotros teníamos muchas ganas de "Cable interminable", la última gran obra de Pete. El del año pasado había sido el concierto de los grandes éxitos. Este era el de presentación de su último disco, con portada de Matemáticas de 3º de BUP y canciones que remiten a Lifehouse, con una perspectiva del paso del tiempo, de los que ya no están, y de lo que nos (les) queda.





Se apagan las luces, el público corea el nombre de la banda, cual sevillistas recitando el himno del Arrebato. Y allí están de nuevo, sobre el escenario, los campeones de Copa: Sabio y gastado Pete, con su sonrisa confiada, viejo zorro superviviente de mil peleas contra rockers en la playa de Brighton; Atlético y juvenil Roger, como el padre de McVicar, en forma tras el descanso de la gira. De fondo, una pantalla gigante que mostrará fotos de todas las épocas de la banda, imágenes inconexas o todo tipo de animaciones coloristas. El resto de la banda permanece en un segundo plano: Pino Palladino en plan extra, casi fuera del escenario (un Fernando Sales cualquiera). El entrañable Rabbit, parapetado tras su teclado, recuperado de su amargo trago; el tonto Simón, con su guitarra desenchufada, y el hijo de Ringo, Zack Starkey, demostrando que es el mejor músico de Oasis.


Los chicos están bien (qué original)


Sin dilación, el primer gol del partido, repitiendo el encuentro del año pasado. Cual Adriano culminando una cabalgada por la banda izquierda tras pase lejano de Palop, The Who muestran sus mejores armas: "Can´t explain", "The Seeker", esos clásicos imprescindibles, mezclados con los primeros temas de "Endless Wire": "Fragments" y "Mike Post Theme". El sonido no es perfecto, pero a Roger se le ve en muy buena forma y Pete va entrando en calor. Esto parece un paseo triunfal. Miro a mi espalda y veo que el recinto tiene más o menos la misma afluencia que el año pasado. The song remains the same, afortunadamente.

Ringo Mandingo junior, malabarismos con las baquetas


Y entonces, cuando más confiados estábamos, marca Riera desde lejos tras tocar el balón en Daniel Alvés. O lo que es lo mismo: en plena fiesta CSI de "Who are you", con todo el Palacio pegando botes, suena un chasquido en la mesa de los controles y todo se va al garete: Pete haciendo "air guitar" y Roger moviendo los labios. Quicir, el sonido a tomar por saco, por lo que se produce un parón de varios minutos, apagón y retirada del escenario. Y lo que es peor: Cabreo monumental de Townshend, que ya estaba pensando en volver a romper una guitarra sobre la cabeza de alguien. Juande tiene que hacer cambios, pero hay que ser prudentes. Queda mucho concierto.




Corre, Conejo




Nervios, intriga, dolor de barriga... Pete y Rog se resisten a abandonar el escenario, se les ve nerviosos y expectantes... Y a los pocos instantes, vuelven a saltar al césped... comenzando por el final de "Who are you", con ese estribillo que todo el Palacio había seguido cantando incluso sin luces: "Whoooo are you, uhuh, uhuh".


Vamos tos´parriba, que aquí no ha pasao ná



A partir de ahí, todo irá encaminado a recuperar la energía inicial, algo difícil por la parada, pero con mucho mejor sonido: clásicos como Behind Blues Eyes, Relay, la magnífica Baba O´Riley, horteradas ochenteras como "Eminence Front" (en el que Rog coge la eléctrica al más puro estilo Springsteen), intercaladas con canciones nuevas como "Man in a purple dress" y la grata sorpresa del momento Quadrophenia (España-Malta): "The Real me" y "5 :15", auténticos highlights de la noche. Rog está mejor de voz que el año pasado; Pete poco a poco está olvidando el incidente inicial, Simon gracias a Dios no molesta. Múltiples tiros a puerta, pero no termina de machacar al rival, ni siquiera con el público vencido, con "Won´t get fooled again" y la expulsión de Moisés por segunda tarjeta amarilla. Y encima Rog bromeando con el título del nuevo disco, que el frontman confunde con el de la nueva mini-ópera. "No, no se llama Wire and Glass" -afirma un encolerizado Pete- "Endless Wire es su nombre". "¿Entonces qué demonios era Wire and Glass?", pregunta McVicar. "La mini-ópera, idiota, la mini-ópera". Entre el apagón, las bromas de Rog y la inoperancia de un roadie al colocarle los auriculares cuando pilló la acústica, Pete estaba que mordía. Hace 30 años hubieran rodado cabezas. "My generation" y "Won´t get fooled again" terminaron por despejar las dudas de que Pete, a pesar de todos los pesares (al igual que Kanouté lesionado), seguía siendo el mejor. Guitarrazos, saltos, punteos del espacio exterior... Todo un espectáculo.

Saca el córner Navas, remata Kanouté de cabeza... ¡casi!


Tras el descanso, y en la prórroga, lo que todos esperábamos hacía horas: Kanouté marca el que parece será el gol definitivo, con "The kids are allright" y sobre todo con ese set- lit made in Tommy. El mago del petaco es lo que tiene. Sin embargo, e inesperadamente, tras el sorprendente viaje, cuando ya sonaba "Listening to you" y la gente ya estaba en el séptimo cielo, un gol desde lejos de Jonatas fuerza la tanda de penalties. El concierto ha terminado, pero en el escenario permanecen Pete y Rog, cual Palop y Navas, sin nadie más. Sólo dos hombres, una acústica y una taza. La coda final de "Tea and Theatre" (Rog taza en mano, Pete con los ojos vidriosos) hace justicia a una velada que se complicó innecesariamente. En esta última oración, Rog habla de los dos supervivientes de una historia de amistad y rock and roll. No importa que no se soporten. Sobre el escenario, son hermanos.


Two of us

Un emotivo final para una nueva experiencia de música, amor y vida, que al igual que en la final de Copa, ganó el mejor.

Todos los Jóvenes

Al día siguiente, y tras visitas a museos y comidas en restaurantes ecológicos, tenía cita con Ian Hunter en El Sol. Una hora antes del concierto, me di cuenta de que no tenía ni idea de dónde estaba la sala, y las indicaciones que me habían ofrecido eran erróneas (que si "El son", que si una sala de Recreativas, que si al final de esta calle...). Al final entré en un ciber y mamá internet me sacó de dudas. Llegué poco antes del comienzo, y me coloqué en buena zona. La sala es pequeña, al fondo está el tipo de las camisetas y los cds, a la derecha la barra, que conviene tener cerca. Me apetece un Jim Beam.


Fotografía: Laura González de El Almacén del Rock



Con el pelo a lo Panocha, camiseta a rayas, gafas de sol, la voz rota y una excelente banda de acompañamiento, el tipo que hizo popular aquella canción de Bowie ofreció un recital de armónica, piano y energía, para presentar su nuevo disco "Shrunken Heads", además de sus clásicos ("Once Bitten, Twice Shy", "The Way From Memphis' "Cleveland rocks") , con los Mott o en solitario. Bellas melodías, sentidas baladas y rock and roll de siempre para un público de todas las edades, sexos y condición social (se veían hasta matrimonios bailando pegados, rememorando quizá otra época y otro lugar). Recuerdo que volví a ver a una chica italiana con la que coincidí en el concierto de Marah en Zaragoza. Hay caras (y cuerpos) que no se olvidan. Lejos de grandilocuencias, postizos o poses, Hunter da lo mejor de sí mismo en un escenario pequeño y bajo, impropio para una estrella de sus características. Se le ve feliz, en forma, y a su banda con ganas de liarla. La hora y media de recital sabe a poco, aunque haya terminado con la maravillosa "All the young dudes".


Esta es la cara que pongo cada vez que me preguntan por la vuelta de Cero




Y entre la pequeña multitud, descubrí a Jose Ignacio Lapido, ideólogo y compositor de mis queridos 091, casi el único grupo español que me interesa. Fui a saludarle y me confirmó que de vuelta a los ruedos de los granadinos, nada de nada. Me pareció un buen tipo, tímido y callado, al que no debe emocionarle el peso de la fama, y eso que fueron varios los que le estrechamos la mano. En aquel momento no llevaba cámara, así que os tenéis que creer lo que yo os cuente. Me comentó que le había gustado mucho el concierto, y cruzamos algunas palabras, pero como yo no soy reportero del Tomate, lo dejé estar. Antes de eso, un par de tipos de Canarias me dieron la brasa, con perlas del tipo "Roger Waters se llevó la gloria de Pink Floyd injustamente, el verdadero líder era Gilmour", que encajé de la mejor manera posible. Los chavales habían estado en los conciertos de RCR, de The Who (demasiadas baladas, dijeron los insensibles, que es como si me dicen que el Sevilla lanzó demasiados córners) y disfrutaron con Hunter, quizá porque la pequeña sala favorecía el calor del público y es más fácil de apreciar el saber hacer de un superviviente (otro, como Rog y Pete) del rock and roll. Cuando ya había oído demasiadas estupideces (Carlos Pina hace un gran programa en Radio 3, bla, bla, bla) me fui por dónde había venido, crucé la calle de las putas y me volví al bendito hostal, en una Puerta del Sol llena de luz y color. La ciudad que nunca duerme, ya se sabe.

De vuelta, en el tren, pensé en lo afortunado que soy por haber presenciado a dos leyendas vivas del rock, de las que ya no quedan muchas, y que no durarán eternamente entre nosotros sino a través de todas esas maravillosas canciones.